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Living Ofrenda

The Art Of

Maria Luisa de Villa

Exile Editions Magazine

Linda Rogers

Her drawings are the translucent wings on birds and seeds that carry her music, messages of hope and enduring love, from continent to continent."


​"De Villa's mixed media drawings and washes on paper are prints of the transformation process as colonial seasonal transplants, the subtle ruminations of Maria Luisa de Villa, speak a deeper language than the intense colours refracted in Mexican sunlight."


"A traveller, not an exile, de Villa's annual migrations, patterning her beloved monarch butterflies between Oaxaca – where farmers and artists conflate in a culture as rich as the chocolate of the region, and the forest cathedrals of the Canadian wilderness – give her a per- spective on the Euro-Indian history of her Mexican homeland that allows the revelation of mysteries where belief systems collide."

Bordando el negro terciopelo de la noche _ Embroidering The Black Velvet of Night. Ilustra

La mujer que teje

Poema inspirado en el dibujo:

"Bordando el terciopelo de la noche"

de Maria Luisa de Villa

Natalia Toledo

La sombra de la noche

sale de tus piernas.

Tejes sobre un totopo de terciopelo oscuro,

germinan los hijos de las flores

sobre la tela.

Las hojas caen bajo tus pies,

solo le quedan senos a la Ceiba.

Un chapulín asoma en el callejón

aplaudes y se va asustado.

Mojas el hilo con saliva

mástil que atraviesa el ojo que borda.

Estas embarazada de flores

y llevas una niña que dibujara flores

sobre el papel cuando crezca.

Duérmete mama, duerme y deja que tus sueños abran su boca.

Poesía

Abel Hurtado

Querida cihuateótl y cihuatlamáchtli, poesía eres tú, tu pintura y tu forma de ver y vivir!!

Tzompantli con monarca

Inspirado en un cuadro de

María Luisa de Villa

Nueva York, mayo 2009

Vivian Demuth

 

El tapiz gris apunta a diseños para un cuerpo,

cualquier cuerpo.

Volando en un arco, la virgen cubierta en tela, reza

mientras las mariposas se besan con abandono.

Estas monarcas han capturado el oro y la plata

de la iglesia. Son mas viejas que las calaveras

quienes están cansadas de vestir normal.

Estas calaveras Tzompantli lucen maquillaje

naranja y negro sobre el espacio vacío.

Sus brillantes dientes muerden los grandes muros del México de noche. Colocan los panteones en sus lugares. ¿Quien las estampo sobre las plumas de escribir del Museo del Templo Mayor?

La frondosa ausencia de azules es eléctrica.

Una vibración de tambores sobre la puerta, se abate

en el aire, dejándose arrastrar como una tela ondulante. Los Aztecas están esperando,

Quien será el próximo en no morir?

The Drawings of

Maria Luisa de Villa      

Former Director / Curator and Founder

The Justina M. Barnicke Gallery, Hart House University of Toronto

Judi Schwartz

 

I first met Maria Luisa de Villa in 1997 when I was the Director / Curator of the    Justina M. Barnicke Gallery at Hart House, University of Toronto. I was impressed then, as I am now, by the fine draftsmanship and poetic form in her drawings. De Villa’s inspiring and innovative approaches to the making of and presentation of art have been embraced by numerous artists and Ontario institutions. Her world is one of relationships, the relation between the idea and materials, art and nature, tradition and contemporary, are a constant in her creative process.

 

While Maria Luisa’s art is widely recognized, her curatorial ideas and her dedication to the advancing dialogue through the visual arts between Canadian and Mexican artists, have also gained her specific acclaim amongst her peers with a series of international exchanges. She is uniquely positioned to do so given her standing in both the Canadian and Mexican arts community.

 

The paper huipil series of drawings, is interesting on many fronts. It addresses issues that are topical and challenging in both Canada and Mexico. It explores the roles of women and culture; culture and identity; and of identity and environment. It is thought provoking as we find ourselves questioning our own cultural roles and how we work and live within those roles. The technique used for the project, using hand-made paper in the form of the huipil with drawings and collage elements, reflects back to the history of art traditions and it uses contemporary imagery to bring the issues to the present day.

One particular drawing entitled “Tropicos eternos / Evergreen” shown during a touring exhibition at the De Leon White Gallery, Toronto, at The Living Arts Centre, Mississauga, at Museo de la Ciudad de Mexico in Mexico City and at Festival Internacional Cervantino de Guanajuato, was a pivotal piece worth taking a closer look at.This work received a great deal of attention not only for its message; but, for its excecution. Maria Luisa, a master in drawing, created a monumental tryptich drawing of a traditional huipil dress that hung on the wall, made with hand made amate papers. It highlighted a message of import to the 21st century – that of the delicate balance of man and the environment.

 

The current drawings are more fluid and thought provoking. We are pulled into the varied layers discovering elements and stories that reflect ritual and culture as divined by the artist. The palette is still soft using predominant earth colours and yet the effect of the imagery is one of starkness and is haunting. A seemingly  endless line drawing in the piece Nopalera / Morning Pear Cacti, is drawn with a sensitivity and inventiveness that takes the viewer to an imaginary secret garden.

 

In some of the drawings like the series Tira de Oaxaca I, II, and III, the juxtaposition of nature and women evokes a feeling of eroticism as the viewer becomes voyeur. In others, we feel pulled into the imagery wanting to discover more of the stories and symbology and leave the drawings reluctantly to reflect upon the experience and to wonder what the artist will create next.

De revoloteos Telúricos

O las migraciones de

María Luisa de Villa

Oaxaca, Mexico, noviembre 2007

Luis Manuel Amador

Como un plural espejo sobre los planteamientos de los orígenes en las culturas antiguas, el mundo contemporáneo, sobre todo su lenguaje artístico, asiste a la refundación de los mitos y a las reescrituras de lo creado por las manos y por la naturaleza. El arte, artificio y poética al fin, acude nuevamente a su principio y vuelve la vista como buscando su cauda. Algunos artistas prefieren huir de las formas de la naturaleza y aducen recursos de la abstracción. Mas no sabremos si, como suele decirse, el origen de la abstracción se concibe como la desconfianza

del mundo exterior que concede mayor interés a lo que ocurre en los adentros del artista.

 

Se dice que la confianza suscita obras permeadas de formas reales presentes en el mundo, al igual que se ha pretendido que las proposiciones inquietantes conllevan a un lenguaje abstracto del creador. Al negarse a representar un mundo “hecho y acabado”, en su principio el artista invoca una suerte de porvenir. Al contrario de los buscadores de lo abstracto, quienes recrean las formas existentes, fundamentalmente las que parten de la naturaleza, incluida la figura de hombres o mujeres habitando una obra, parecen entablar un diálogo con el pasado en su nostalgia de Paraíso. Ese es el tipo de personalidad creadora que Maria Luisa de Villa parece invocar con su obra, la del hacedor en la memoria y en el mito puntuales como el crecimiento de un tallo.

María Luisa de Villa pertenece a una familia desde hace varias generaciones involucrada con el arte y sus diversas manifestaciones. Nacida en Ciudad de México y habitante a medio camino entre Canadá y su país, no sabríamos decir si revolotea o cabalga como amazona sobre un corcel cargado de mitos marianos y telúricos. Viéndolo bien, el vuelo de una mariposa tiene más de intuitivo galope que de pleno vuelo libre de incidentes. Pero eso no desvela a la monarca cuyo revoloteo, cargado de misterio, se empecina hasta el fin de sus tiempos para vadearlo todo bajo el frío y el relámpago. Sin embargo la mariposa, ese minúsculo corazón de papalotl, a la manera en que Castellanos se refiere a la luz, “es fiel y vuelve siempre”. También María Luisa viaja guiada por la intuición como quien cada año vuelve a su santuario de pinceles y herramientas para cumplir su inalienable manda. Y así retorna al recinto guadalupano que habita en sus papeles y en sus huipiles que emigran, como ella, del textil a la celulosa.

No es una casualidad, viendo sus esbozos antropomorfos, la obtención del Primer Hugh Owens Award y su elección como ganadora del Premio de dibujo Northern Ontario Arts Association en 1992 y 1993, así como una beca del Canada Council of the Arts de la York University, donde realizó sus estudios en Artes Visuales.

Susan Sontag tiene razón cuando afirma que «la belleza es parte de la historia de la idealización, que a su vez es parte de la historia de la consolación.

Pero la belleza acaso no siempre consuele. La belleza del cuerpo y el rostro atormenta, subyuga; esa belleza es imperiosa». Imperiosa como los elementos que componen empecinadamente una obra artística, como los cuerpos de mujeres que son exvoto, vasija, semilla, ofrecimiento de un sacrificio sin más fatalidad que el destino en el carpelo femenino o el sexo de una flor, la ambigüedad del espinoso cacto que se piensa pájaro.

No es asunto de María Luisa si el hortelano tradicional se debate en la repetición del ritual que ignora, o si desoye a la virgen y opta por el culto a la tierra en su otra callada ceremonia. De Villa parece recordar que en la Teogonía, esa suerte de Génesis con que fundamentó una crónica del origen del cosmos, Hesíodo cuenta después del Caos el nacimiento de Gea, la de los grandes pechos, la que engendró a Urano como cielo estrellado y a Ponto como abismo marino, la que después compartió lecho con Urano y dio a luz a los Titanes y así se erigió en la inagotable fuente de los dioses del Olimpo. Y en ese universo de la artista conviven el aire y la tierra como una casa, la caminata y el revoloteo de una mariposa con su itinerario de ida y vuelta a lo largo de su vuelo cual una trémula llama en la noche de piedra novohispana. En su obra, el Tepeyac hace las veces de Acrópolis desde donde el mundo vegetal es quien pontifica y dicta los avatares al tiempo que se erige en la fuente de su otro cosmos que ahora reescribe como quien va tejiendo una nueva palabra de la planta al papel que es su reino.