En el azul de la noche, monarca, la volcana y la Virgen de Guadalupe. Dibujo tecnica mixta
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Imágenes Guadalupanas

Mi diálogo con

La Virgen de Guadalupe

“No recuerdo el preciso momento cuando entable mi dialogo con la Virgen de Guadalupe.

Seria el día en que me consagraron a Ella o,

seria en una de las rituales visitas familiares a la Villa del Tepeyac, visitas con olor a rosas y a gorditas de maíz, las de atrio.

O, seria en una noche nevada en Canadá, cuando la luz de la estrella del norte dibuja su silueta en mi imaginación y la de mis paisanos migrantes. o, en uno de los otoños cuando desde mi jardín de grandes maples, despedía a las monarcas que levantaban su vuelo migratorio hacia los oyameles de Michoacán.

O, seria en esos maravillosos momentos en que el dolor del parto me anunciaba el nacimiento de mis hijos.

O, serian las veladoras de mi madrina Lupita las que alumbraron mi camino a Guadalupe cuando no había visto la luz y aun estaba en el vientre de mi madre.

 

O, será que desde siempre sostuve un dialogo con la Virgen.

 

Lo cierto es que en mi morada, su imagen colectiva siempre tiene su lugar. Fue medalla de bautizo, confirmación y primera comunión, bendición en nuestra boda y las bodas de nuestros hijos. Es imagen que se repite en mi trabajo artesanal y académico. Exploro su forma fina y elegante con su flor de nahui ollin y sus flores de tepetl, rodeada de dorados rayos solares, vestida de estrellas y color de jade, con la luna menguante a sus pies, y me encuentro en el hueco de su manto y el cruce de sus brazos. La dibujo recorriendo el rostro infinitamente dulce de una joven y muy bonita señora de facciones europeas y la tez morena de nuestro pueblo de bronce.

 

En un rencuentro con mi ser mexicano, la pinto una y otra y otra vez como la siento, mi madre divina y de noble linaje, en sus misterios de diosa y de mujer, Guadalupe nantizin quetzalli, madre de Dios, en el Tloque Nahuaque, el cerca y el junto. La pinto en su morada de rojo tezontle, en la de rojo Mitla, compartiendo espacios con las abuelas viejas y sabias, junto a la diosa Xochiquetzal, patrona de tlacuilos, con la Cihuacóatl, la Tonantzin, la Coatlicue de la falda de serpientes y el corazón en las manos, junto a la sabia milpa, el amarillo cempasúchil y el jade azulado de los grandes agaves de mi tierra, color del manto que envuelve a la Virgen y que desde la bóveda de su santuario como gran carpa, es color que abraza a todos los mexicanos.